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El trol y el pastelero. Parte 2

        El repostero le miró con los ojos bien abiertos y con su delantal y gorro de pastelero. Antes de que nadie dijese nada, los policías a caballo de hace semanas que se encargaban de la vigilancia de dicha aldea, le gritaron y amenazaron al grandullón. El pastelero dio un salto y se metió en la tienda. Los policías rodearon el establecimiento y al final la criatura escapó por una salida trasera. El apresurado trol, si bien es verdad, huyó al bosque al perseguirle los policías incansablemente y se encontró que sin querer se había llevado el gorro del pastelero sin saber el motivo. Dentro vio que había unas galletas desmigajadas y un par de panecillos dulces. Como al trol le sonaban las tripas y no encontraba caminantes por los senderos de los bosques colindantes, a los cuales buscó en vano y ansiosamentedurante media docena de horas, terminó por comerse con desgana lo encontrado dentro del gorro del pastelero. -         ...

El trol y el pastelero Parte 1

Érase una vez un trol que, como todos los troles, le encantaba sembrar el terror por aldeas, comerse a hombres y ser temido entre las gentes. Solía andar normalmente con la compañía de su sombra tras de él y dialogaba, si se lo proponía, con el silbante viento. Era, para haceros una idea, un trol que normalmente no se relacionaba con otros semejantes ni tampoco con ogros, gigantes u otras temibles criaturas. La criatura calzaba unas botas holgadas y se tapaba poco más que con unas telas rasgadas que le ocultaban la cintura y el pecho. Era irrebatiblemente tonto y le encantaba cocinar a los hombres que capturaba en las montañas para asarlos, estofarlos o en tanto cocerlos en sus solitarios banquetes de la noche.         El trol cantaba, si se lo proponía, pero cuando se ponía a ello lo más que arrancaba su torpe y gorda garganta era un sonido rudo y violado por la aspereza y la ronquedad, que lo único que provocaba era molestia y un fuerte dolor de cabeza a todo ...

El duende del bosque

  Érase una vez un joven príncipe de un fructífero reino que cabalgaba muchos días por arboledas que se pegaban enfrente del colosal castillo. Al hombre le encantaba trotar con su caballo bajo los árboles y sentir el calor de la luz en su rostro.            El príncipe podía llegar a pasar todo el día bajo la sombra de los árboles y jamás había cosa que más le gustara y ningún animal le atacaba porque sabían que era el sucesor de la corona.               Un día el heredero se dispuso a salir, pero esta vez quiso hacerlo solo y negó a los soldados que le ofreció su padre, el rey, para que le acompañaran cabalgando como era tradición.           Y sin pensarlo ni una sola vez, se alejó del castillo a paso raudo hasta que se internó en el frondoso bosque. Decidió pasar un largo día, y así fue, jugó con su caballo, se bañó en un río y leyó un libro a las piernas de los árboles a la v...

El diablo y lo seis años

Un catedrático de lengua no tenía qué comer, pues se quedó sin trabajo en la universidad y no sabía la forma de resolver su malparada situación. Una tarde se fue al campo para relajarse, y luego, sin darse cuenta, andando y andando, acabó en un pantano. Al poco rato, se presentó un duende oscuro, que en verdad respondía a la identidad de Lucifer. -            ¿Algún problema? –se interesó, pues-. Me da la sensación de que estás abatido, desmoralizado.    El catedrático estando en sus cosas, salió de sus pensamientos, y dijo: -            He perdido todo: el trabajo, la universidad, mi casa, mi empleo… -            Si a partir de hoy entras a mi servicio y me sirves como criado –le dijo el diablo- nunca te faltará nada. Seis años duran tus servicios, al cabo de los cuales quedarás libre. Pero un asunto te advierto: No deberías ni ...

La liebre magnífica, 2 parte

Entonces, cuando creía que no vería a nadie  nunca, surgió a su paso una nube de humo y un espíritu del bosque le  d ijo cuando Revoltoso le expresó el motivo de su preocupación: - Existe un único modo de liberar al rey y es encontrando a la liebre. E s una liebre que si frotas sus orejas cinco veces y tocas su rabo   y pronuncias las palabras: - "¡Bendito rabo, rabito, si te toco y   pienso en un mal, ese mal lo quito!", expirará el mal que acechaba al  centauro.         Revoltoso antes de tomar una respuesta vio, para su sorpresa, que   el espíritu se volatilizó y en mitad de las sombras de la noche el  niño se puso a correr y a buscar a la liebre que no se la reconocía   por ninguna parte.  Al término de unas horas de peinar Revoltoso   cuestas y bajas arboladas vislumbró unas orejas tras unas zarzas y se   tiró el zagal sobre ellas y entendió que era un zorro que escapó   gruñendo. ¡Cáspitas! Eso desesp...

La liebre magnífica 1 Parte

En una tierra donde abundaban las verdes colinas, las yerbosas   montañas y confluían ríos escarlatas vivía en el campo un labriego de   lo más llano y amable. Cuidaba de sus tres hijos que los dos mayores   gozaban increíblemente de virtudes sobrenaturales, de los cuales uno s i reía volaba; el segundo, si chasqueaba el índice y el pulgar a la   vez se hacía inmaterial, y el tercero llamado Revoltoso que carecía de   grandes dones era de solemne bondad a diferencia de los mayores que   siempre buscaban el mal ajeno y que por sus poderes metían en   problemas a su trabajador padre y con cuantos les apetecía. ¡Dios mío!       ¡No paraban los granujas de meterse en líos y crear conflictos! Su   padre una mañana se ocupó de labrar parte de las tierras y los tres   jóvenes salieron una vez al campo, y, tras andar un rato largo, vieron   una liebre que corría.        El mayor se puso a reír y empezó a volar,...