El mimo
Es la bella historia de un mimo que se ganaba el pan realizando actuaciones en medio de la calle, en las plazas o bien en las conurbaciones de Madrid. El artista disfrazaba unos pantalones del todo negros, y una camiseta de mangas largas y a rayas blanquinegras con cuello alto. Eso sin citar los guantes y tirantes negros, sus holgados zapatos negros y su sombrero de ala estrecha que era bonitamente oscuro. Y la cara del mimo, por igual, era negra y blanca y con una sonrisa que alegraba a los niños y que alucinaba a los viandantes que se paraban a verlo. El hombre en verdad era una persona bastante solitaria al margen de los mediáticos juegos y espectáculos públicos con que arrobaba a las gentes en mitad de las plazas, avenidas y calles de la ciudad. Varias agrupaciones de pintores o de músicos callejeros se detenían a animar más aún al mimo que se llenaba de motivación al ver la cantidad de seguidores que iba ganando a medida que corrían los meses. ...