El candelabro del costurero
Un maestro costurero se empobreció con el tiempo y había días que no tenía apenas ni para remendar la ropa que cosía y con la que trabajaba. El hombre tenía tan poco dinero que había mañanas que al no cobrar el día pasado y por falta de clientes no tenía para una barra de pan. Dentro de la casa que heredó de un viejo tabernero, cuyo espacio reformó, vio un candelabro que se convenció de no tirarlo. Meses más tarde, durante una jornada que vino bastante gente para que hiciera el hombre costura en las raídas ropas que traían, se le acumuló tanto el trabajo que se durmió sobre la mesa donde cosía, encendiendo antes esa noche la vela del candelabro que se encontró. Al despertarse, tras unos sonoros bostezos, el costurero vio que el trabajo que dejó a medias estaba bordado y ejecutado con una perfección, una pulcritud que ni él que era maestro en su gremio hubiera alcanzado la gracia de hacerlo tan estéticamente bien. A poco al trabajador le entraron dudas y le picó ...